mercoledì 23 gennaio 2013

La verdad revelada o la falsa promesa


Los ajustes no resuelven los problemas de nuestra economía, sino que los agravan


Cuando se estaban contrastando las previsiones para el año recién iniciado, acerca de la fecha en la que alcanzaríamos la cifra de seis millones de parados, se descuelga Bruselas afirmando que en el mes de noviembre de 2012 y también en el de octubre ya se había rebasado. Este dato ha caído como una losa sobre la sociedad española. De confirmarse en la EPA, estaríamos ante una situación insostenible, como lo está la política que está imponiendo las instituciones europeas y que el Gobierno sigue con entusiasmo. Ha llegado el momento de hacer un balance de lo acontecido desde el inicio, allá por mediados de 2010, de la aplicación de las políticas de recortes. Creemos que resulta imprescindible.
Lo primero que salta a la vista es que los ajustes no están resolviendo los problemas de nuestra economía, sino que, por el contrario, los agravan. Este hecho es tan evidente que no se puede refutar. Pero como hay que buscar justificaciones, estas se encuentran en afirmaciones tan poco originales, indemostrables y peregrinas como: “Si no lo hubiéramos hecho sería peor”. O esta, en apariencia más consistente: “Las reformas darán sus frutos en el futuro”. Ese argumento tiene como principal valedora a la canciller Merkel, que repite como un mantra que las reformas estructurales de hace una década, en su país, dan en la actualidad un resultado muy positivo, manteniendo en esta profunda crisis el nivel de paro por debajo del 6%. Esta cifra es cierta, pero lo que parece muy discutible es que se deba a esas tan alabadas reformas. Hay declaraciones y artículos bien argumentados, que descartan esa vinculación.
Lo que sí es cierto es que el efecto más dañino de las reformas fue el de crear, en el mercado de trabajo alemán, un sector de miniempleos de más de siete millones, atrapando a un número cada vez mayor de personas entre empleos de 1 euro por hora y la vuelta al paro. Alemania tiene una de las franjas de salarios más bajos de toda Europa y un 20% de su población se encuentra en el umbral de la pobreza. “Más desigualdad y más pobreza en medio de una economía boyante, es el efecto principal de las famosas reformas”.
En la dieta milagro alemana lo que funciona de verdad es que las empresas tienen un tamaño medio superior al nuestro, han invertido más en investigación y desarrollo y cuentan con un sector industrial y exportador más potente. Para algunos analistas, la fortaleza alemana tiene su “fundamento último en unas relaciones laborales cooperativas y en la participación activa de los sindicatos en la gestión de las empresas”. De esta manera, vemos cómo lo que se nos presenta como la dieta milagro alemana, realmente es la parte dañina y perjudicial, mientras se deja en la penumbra lo que realmente tiene que ver con la capacidad de resistencia de su economía. Se quiere ocultar las ingentes cantidades de dinero público inyectadas en sus entidades financieras o la protección y opacidad que mantiene el Gobierno alemán con lassparkasse (cajas de ahorro locales) a las que ha sustraído del control del supervisor financiero europeo.
El efecto principal de las reformas alemanas es más desigualdad y más pobreza en medio de una economía boyante
Desde la creación de la unión monetaria, Alemania ha ganado 556.000 millones más de los que ha destinado a ayuda financiera. “No somos un pagador neto, sino un ganador neto”, así lo afirma el jefe de la oposición socialdemócrata en su Parlamento. Recientemente la agencia Bloomberg informaba de que por primera vez desde que cuenta con series históricas (año 1994) Alemania financia su deuda a 30 años a menos del 2%. Alternatives Économiquesestima que estos intereses tan bajos han reportado unos beneficios de 70.000 millones de euros, si los comparamos con los 55.000 millones que Alemania pone para los recates de Grecia, Irlanda y Portugal, de los cuales recuperará una parte importante: el rendimiento es de 15.000 millones. Por cierto, que le pregunten a una empresa española si esa financiación ayuda a su competitividad.
Otro mito ideológico que está en entredicho es el de que la mejora de las exportaciones está indisociablemente unido a la bajada de costes laborales. Las empresas de nuestro país han sido capaces de aumentar sus exportaciones, pese a la intensa caída del comercio mundial en 2009 y mantener su cuota exportadora desde la incorporación a la UEM. Esto ha sido posible por la inversión en capital físico, calidad de los trabajadores, inversión en I+D. “Paradójicamente” así lo califica un reciente estudio de BBVA Research, “la evolución positiva de los costes laborales unitarios en las empresas exportadoras no ha sido un factor negativo”. Más bien todo lo contrario, añadimos nosotros. Es la filosofía que ha llevado al Grupo VW a repartir 730 millones de euros entre sus 97.700 trabajadores de la planta de Wolfsburg por superar objetivos.
Para nuestro país, por tanto, podemos concluir que lo que se presenta por nuestros gobernantes como la verdad revelada y avalada por la experiencia alemana, en realidad es una falsa promesa de un futuro mejor.
Comenzamos 2013 con más de lo mismo. El Gobierno le dice a la sociedad que este será un año de más sufrimiento y resignación. De no cambiar, sin duda que será así. La tasa de ahorro de los hogares ha caído a los niveles más bajos desde que existe Contabilidad Nacional; hay que remontarse a 1964 para ver una cifra similar, no se consume y no se ahorra, hay un deterioro intenso de la renta disponible. La causa es el empleo y la remuneración de los asalariados. Ambos están en retroceso. Hay que invertir esa tendencia. Nuestra sociedad necesita un mensaje distinto al de: “2013 será peor, esperemos al siguiente”.
Ni se consume ni se ahorra, a causa de la caída de salarios y del alza del desempleo
Hay que buscar alternativas, buscar estrategias que nos permitan, primero, parar esta oleada de destrucción de empleo; y luego, orientar la economía para incorporarnos cuanto antes a una senda de creación de empleo. El pasado mes de diciembre hemos remitido al presidente del Gobierno y al presidente de la patronal las alternativas sindicales. Medidas urgentes, medidas en el corto plazo y exigencias a la Unión Europea. Si desde 2010 el objetivo central ha sido controlar el déficit y no se ha conseguido, planteamos invertir la ecuación: pongamos como objetivo central la protección del empleo existente y la creación de nuevos empleos.
En enero de 2012 las organizaciones sindicales y empresariales firmamos un acuerdo importante. Con él queríamos contener salarios, beneficios y precios. También aplicaba medidas de flexibilidad interna para proteger el empleo. Fue papel mojado por decisión del Gobierno.
Creemos que la patronal debe retomar el sendero que jamás debió abandonar y que jamás debió menospreciar el Gobierno. Creemos que lo que debería de intentar hacer ahora el Gobierno es buscar un amplio consenso nacional que nos permita enviar un mensaje claro a la UE: nosotros queremos pagar nuestras deudas, queremos reducir nuestro déficit, pero lo tenemos que hacer pagando tiempo a un precio razonable. Necesitamos más tiempo que el que la UE nos está dando. Este mensaje lo deberíamos hacer entre todos. El Gobierno debe parar, reflexionar y propiciar el consenso. Los sindicatos no somos enemigos de nadie, defendemos derechos que consideramos legítimos y estamos dispuestos al diálogo, como siempre.
Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo son secretarios generales de UGT y CC OO, respectivamente: http://elpais.com/elpais/2013/01/17/opinion/1358431970_223930.html

Como cambiar la tendencia


Ethica namque natura semper equilibrium est




 Los privilegios de la clase política y de la financiera indignan a los ciudadanos

El descubrimiento diario de casos de corrupción aumenta la desmoralización de un país como el nuestro, del que Ortega dijo con razón: “Los españoles. Ese pueblo que ha pasado de querer ser demasiado a demasiado no querer ser”. ¿Cómo cambiar la tendencia? ¿Cómo ilusionarse con querer ser en un país en el que actuar con justicia sea una obviedad?
En principio, la corrupción política se produce cuando intervienen tres actores: el pueblo, que mal que bien deposita su confianza en los representantes a través de elecciones libres; los representantes, que presuntamente van a gestionar los asuntos y dineros públicos con vistas al bien común; y un tercer actor que ofrece ganancias a los representantes si le favorecen de una forma especial, quebrantando la ley. En este juego se escurre dinero público hacia cloacas privadas, y actualmente en cantidades astronómicas; un dinero que no solo es de todos, sino que además después se reclama a ciudadanos que forman parte del pueblo, y son los engañados por los otros dos actores.
De donde se sigue no solo el robo de dinero, no solo la violación de la legalidad, no solo el sacrificio de las capas más desprotegidas, sino también la quiebra de la confianza, ese capital ético tan difícil de generar y tan difícil de reponer cuando se ha perdido.
Por si faltara poco, esta forma de corrupción es la que se entiende técnicamente como corrupción política. Pero en la realidad cotidiana, la corrupción se amplía a todas aquellas ocasiones en que una actividad, sea política, bancaria, judicial o sanitaria, ha dejado de perseguir la meta por la que cobra legitimidad social y solo beneficia a los intereses particulares de algunos de los actores en juego, que defraudan la confianza de los demás. La corrupción de las actividades sociales, cuando las metas que deberían perseguir se cambian por el bien individual y grupal, aumenta la desmoralización de la sociedad.

Hay que reducir el número de políticos y que los malos gestores devuelvan el dinero
A ello se añaden los privilegios de la clase política y de la financiera, inadmisibles en una sociedad democrática, regida por el principio de igualdad. Los ciudadanos reaccionan indignados ante los privilegios de unas élites que se aseguran una vida espléndida con solo unos años de profesión, que gozan de retiros millonarios después de haber gestionado un banco de forma tan pésima que ha quebrado, un banco al que se ha inyectado dinero público. Después de haber llevado a un país a la ruina, sueldos elevados, buena colocación, coche oficial. El mundo del privilegio sin justificación posible no tiene sentido en una sociedad democrática.
No hace falta detallar casos de corrupción ni tampoco privilegios injustificados, porque se han ganado a pulso estar en los medios de comunicación y en las redes todos los días. Pero sí que urge forjar una ética pública que sirva de antídoto frente a la corrupción.
Algunas sugerencias nacidas de esa ética para ir reforzando el vigor de la justicia serían las siguientes: reducir el número de políticos a lo estrictamente necesario; ajustar su intervención en la economía a lo indispensable para asegurar un Estado de Justicia; desarrollar mecanismos institucionales para descubrir la corrupción y combatirla, empezando por la Ley de Transparencia; las leyes deberían ser pocas, claras y tendría que asegurarse su cumplimiento; exigir que los corruptos y quienes han gestionado mal el dinero público lo devuelvan y que no tengan que asumir las deudas el Estado o la comunidad autónoma correspondiente; eliminar los privilegios de cuantos hacen uso de fondos públicos y equipararlos al resto de los ciudadanos; impedir que los procesos judiciales consistan en manipular el derecho en vez de tratar de administrar justicia; aumentar el nivel de rechazo de la población hacia este tipo de prácticas, empezando por los puestos de mayor poder y responsabilidad, que deben ser ejemplares.
Y convertir todo esto en hábito, en costumbre, en lo que va de suyo porque es lo justo y lo que nos corresponde como seres humanos. Eso es lo que significa “ética pública”, incorporar en el êthos, en el carácter de las personas y de los pueblos esas formas de actuar, que son las propias de gentes cabales.
La ética no es el clavo ardiendo al que se recurre al final de un artículo o de una conferencia cuando ya no se sabe qué decir. Es el oxígeno imprescindible para respirar, y es lamentable que solo lo echemos de menos cuando nos falta. Hace años, en la preparación de un congreso, los organizadores de un determinado partido montaron una mesa de economía, otra de derecho y otra de ética. Las de economía y derecho ocuparon las grandes salas de la planta baja, la ética quedó en una salita reducida del primer piso: en la superestructura. Pero acabó desbordándose de militantes que decían: es por esos valores por lo que ingresé en el partido. Ojalá esto siguiera siendo así.
Porque la ética pública consiste en gestionar con responsabilidad los dineros y las aspiraciones públicas, haciendo de la justicia la virtud soberana de la vida compartida. Incorporarla es cosa de toda la sociedad, pero las élites políticas, económicas y mediáticas tienen mayor poder y, por tanto, mayor responsabilidad.

Adela Cortina es catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas: http://elpais.com/elpais/2013/01/22/opinion/1358884265_717479.html 

lunedì 21 gennaio 2013

“Al poder hoy se le cuestiona hasta con un vídeo”


Eran dos editores de una modesta revista local hasta que decidieron hacer un vídeo para denunciar la opacidad en la sanidad catalana y colgarlo en YouTube. Un año después, El mayor robo de la historia de Cataluña atesora casi medio millón de visitas y a Albano Dante Fachín y Marta Sibina, responsables de la revista Cafeambllet (Café con leche, en catalán), les saludan por la calle ciudadanos anónimos y les requieren en hospitales y centros cívicos para que cuenten su historia, recogida por el Washington Post.
 “Somos un equipo”, dice Sibina en un bar. A su lado, Fachín habla a borbotones y con una pasión casi religiosa, la misma que le llevó hace tres años a plantarse en el despacho de uno de los directivos del Hospital de Calella (Barcelona), financiado por la Generalitat, para reivindicar la sanidad pública. “Llegué indignado, tras ver el anuncio de una mutua privada en la televisión”, explica después de hincarle el diente a un bocadillo (de queso: ambos son vegetarianos). El encuentro fue una decepción que cambiaría su vida. “Me topé con un muro de opacidad”, cuenta el activista y periodista, de 36 años y nacido en Argentina.
Sibina y Fachín empezaron a investigar y acabaron destapando el caso Bagó en las páginas de su modesta revista, elaborada desde su casa en Breda (Girona), y en varios vídeos donde repasan las incógnitas que rodean el sistema sanitario. A raíz de su denuncia, la Oficina Antifraude investiga las adjudicaciones millonarias en contratos públicos logradas por Ramon Bagó, empresario y alto cargo de la sanidad. Aunque más que aportar datos, lo que hicieron fue lanzar preguntas incómodas. “En ese vídeo no había ninguna noticia, solo preguntas que nadie ha respondido”, dice Fachín.
La pieza corrió por la Red como la pólvora y ellos empezaron a sentirse arropados tras haber pasado “muchos años solos delante del ordenador”. Después de ese vídeo llegaron otros, entre ellos uno dirigido al presidente de la Generalitat, con el título: ¿Dónde está mi dinero, president Artur Mas? Sibina, enfermera en el Hospital de Granollers, de 39 años, es la cara visible y Fachín quien hace los guiones. Ambos tienen fe en las nuevas tecnologías. “Al poder hoy se le cuestiona hasta con un vídeo hecho en el salón de casa”, afirma él, que prepara también un libro sobre su experiencia.
Pero el mismo vídeo que los sacó del anonimato les ha llevado a los tribunales, donde han sido condenados en primera instancia a pagar 10.000 euros por vulnerar el honor de un alto cargo sanitario mencionado en la grabación. La polémica sentencia, inusualmente rápida (resuelta en siete meses) ha provocado el rechazo de la ONG Reporteros sin Fronteras, que vela por la libertad de prensa en el mundo. Fachín y Sibina se quejan: “No nos dejaron hablar en todo el juicio”.
Medios extranjeros como el Washington Post, en uno de sus blogs, y la televisión pública finlandesa, en un reportaje sobre la corrupción en España, han dado la voz a Cafeambllet, que les ha sido negada por influyentes medios catalanes. Pero no pierden el ánimo. Sonríen y se van a la enésima charla de los últimos meses. Cómo no, en un hospital.
EL PAIS  20 ENE 2013 - 17:03 CET: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/01/20/actualidad/1358697824_312456.html

venerdì 18 gennaio 2013

La razionalità sostanziale è finita in Cina



di CARLO AUGUSTO VIANO

Tra mezzi, fini e conseguenze non è possibile promuovere una sistemazione valevole universalmente. Ed anche la razionalità “sostanziale” può avere solo un campo “locale” di incidenza. La Cina come ultima scena dell’utopia della perfetta congiunzione fra razionalità sostanziale e strumentale.


Abbiamo letto tutti migliaia di parole spese per criticare la razionalità strumentale, quella che sembra consistere nella selezione dei fini in base ai mezzi. Se fini e mezzi costituissero un sistema ben ordinato, in cui i fini più importanti avessero sempre a disposizione i mezzi per realizzarsi, razionalità strumentale e sostanziale coinciderebbero. Se i mezzi obbedissero a una gerarchia di disponibilità e i fini a una di importanza, e le due gerarchie non coincidessero, la razionalità strumentale consisterebbe nel far valere la gerarchia dei mezzi, per selezionare i fini. Se l’ordine dei mezzi consentisse una scelta tra fini diversi, le connessioni tra mezzi e fini potrebbero essere ulteriormente valutate in base alle conseguenze che generano. Il primato dei mezzi sui fini è di solito attribuito all’utilitarismo, mentre quella che vagamente si intende con etica della responsabilità sembra consistere essenzialmente nel rilievo accordato alle conseguenze.
È difficile immaginare un sistema in cui mezzi e conseguenze determinino completamente i fini. Era un tipo di razionalità appena adombrato da Max Weber, che interpretava così l’economia marginalistica, considerandola però come un tipo ideale. Il livello elementare dei mezzi che condizionano la scelta dei fini può essere identificato con la natura. Per i filosofi antichi si trattava di un livello assai vicino a quello dei fini. Per Aristotele avrebbe avuto senso dire che non si può deliberare di volare o di andare sulla luna, cioè che non ci si può seriamente porre un fine del genere, mentre oggi volare è alla portata di molte persone e non è impossibile andare sulla luna. Si è messa di mezzo la tecnica, che può essere vista in due modi: come obbedienza alla natura, secondo la formula baconiana, o come sfruttamento della natura. Secondo la prima formula la tecnica avvicinerebbe l’uomo alla natura, sostituendo all’immagine fittizia dei mezzi naturali, costruita dai filosofi antichi, un sistema autentico di mezzi disponibili, con una pressione sempre più alta dei mezzi sui fini, via via che crescono le conoscenze tecnologiche. Questa è la prospettiva disegnata dai filosofi ossessionati dai progressi della tecnica, alimentata dalla forte crescita della conoscenza scientifica. Se la si considera uno sfruttamento della natura, si tende a vedere nella tecnica un allontanamento dalla natura, che condurrà alla sua distruzione, almeno come ambiente ospitale per la specie umana. Anziché essere uno strumento utile per arricchire il novero dei mezzi disponibili e metterli in ordine, in modo da coordinare sempre meglio fini e mezzi, la tecnica diventa l’imposizione dei fini ai mezzi naturali, che non tiene conto della loro conservazione.
Queste sono drammatizzazioni, perché, quando si prendono decisioni, si cercano compromessi tra fini, mezzi e conseguenze. L’esortazione a essere ragionevoli si riferisce talvolta ai mezzi, talvolta alle conseguenze, talvolta anche alla tolleranza verso il perseguimento di fini improbabili. Lo schema mezzi-fini, che è locale, perché spesso un termine è mezzo e anche fine, mal si presta alle generalizzazioni alle quali la teoria filosofica della ragione mira ad arrivare. Localmente i rapporti tra mezzi e fini si sistemano, ma i filosofi hanno sempre cercato di usare quello schema per costruire una sistemazione globale. Essi hanno spesso cercato la natura, che sembra costituire il limite delle scelte umane, ma anche la suggeritrice delle scelte che mettono in pericolo l’ordine naturale. Aristotele, pur ritenendo che mezzi e fini rientrassero in un ordine naturale ben costruito, in cui c’era spazio anche per i piaceri dovuti alla soddisfazione dei desideri, pensava che quell’ordine potesse essere turbato, se i desideri non stavano al loro posto.
Platone e Aristotele sapevano come si coordinano i mezzi ai fini, per esempio per costruire un tempio o per fare un calcolo, Aristotele sapeva che certe grandezze fisiche hanno tra loro un rapporto proporzionale e che, se in questi rapporti compare il nulla (lo zero), compare anche l’infinito e la situazione diventa indeterminata. Essi pensavano che questi schemi si applicassero anche in generale, dove non ci sono templi da costruire o calcoli da fare. Si chiamavalogos tanto un rapporto quanto un discorso ed espressioni come  “sii ragionevole”, “ho ragione”, “è una buona ragione per”, “è un buon ragionamento” potevano essere ricondotte al logos, la facoltà per cui, a differenza degli animali, siamo capaci di parlare. I filosofi volevano trovare qualcosa di comune tra tutti questi usi, qualcosa che avesse la sicurezza e la generalità del calcolo o dell’ordine naturale, che essi credevano di riscontrare negli astri, regolatori delle stagioni e dei giorni, fondamento del calendario, punti di orientamento nella navigazione. A questo scopo occorreva tener lontane le situazioni nelle quali una componente della natura umana, quella in cui si generano i desideri e si godono i piaceri, possa turbare l’ordine generale della natura.
Platone vedeva nell’indeterminazione dei processi naturali la vera ragione per cui, come avrebbero detto gli gnostici, la natura è intrinsecamente cattiva; poi, quando la meccanica ne propose un’immagine in cui l’indeterminazione era fin troppo assente, ai filosofi, che continuavano a pensarla come un sistema di mezzi offerti alle azioni umane, la natura parve qualcosa di estraneo. Allora i filosofi si sentirono liberi di dichiarare che le norme sono del tutto svincolate dall’ordine delle cose, il dover essere dall’essere. Lo fece Hume, che dell’ordine naturale dava un’immagine debole, ma anche Kant, che ne dava un’immagine forte. Hume pensava che le regole dovessero favorire la socialità; per Kant, che considerava la storia lo scenario nel quale si collocano le regole, in una storia infinita gli uomini si sarebbero diretti sempre di più verso l’obbedienza a regole non dettate da interessi. Se la natura non può suggerire nulla che determini troppo strettamente le norme da seguire, non sarà la ricerca dei mezzi disponibili a costituire la razionalità, perché la realizzabilità di ciò che ci si propone è assicurata dalla validità della norma stessa. Lo spostamento della razionalità dalla natura alla storia, suggerito da Kant, ha avuto seguito: le ideologie ottocentesche e novecentesche sono state tutte fondate su filosofie della storia e sono state tutte progetti che pretendevano di essere autogarantiti, cioè di avere in se stessi le condizioni per la loro sicura realizzazione. Liberalismo, socialismo, democrazia, nazionalismo, comunismo sono state dottrine di questo genere. La più emblematica è la versione marxista del comunismo, per la quale il naufragio dei sistemi economici, costruiti per il miglior sfruttamento delle risorse, conduce all’instaurazione della miglior società possibile.
Quando diceva che la razionalità puramente strumentale è un tipo ideale, mentre la razionalità reale subordina la ricerca dei mezzi alla scelta di valori da realizzare, Weber teneva presenti le ideologie, che sono pacchetti di mezzi e fini preconfezionati. Con la dissoluzione delle ideologie è ricomparsa la libera articolazione, humiana e kantiana, tra l’ordine naturale delle cose e l’ordine morale dei fini, e i filosofi hanno ripreso a criticare i tentativi di vagliare le proposte di fini in base ai mezzi, considerati forme di strategia conservatrice, che mira a respingere qualsiasi correzione di una situazione storica o sociale. Così, negli anni sessanta e settanta del Novecento, si è riabilitato il concetto di utopia, intesa come un programma realizzabile per mezzo di una rivoluzione, che, nel mondo economicamente progredito, non avrebbe neppure bisogno di essere violenta, perché si tratterebbe soltanto di abolire le limitazioni sui mezzi, non più giustificate, dopo che essi sono diventati abbondanti, per l’alta produttività delle società industriali.
Le ideologie non si lasciano mescolare facilmente, perché ciascuna di esse pretende di inglobare le istanze positive presenti nelle altre. Già Weber, con l’immagine del “politeismo dei valori”, aveva preso atto dell’inconciliabilità delle ideologie e dell’impossibilità di scegliere tra esse, se non facendo intervenire la considerazione delle conseguenze: era questo il contenuto dell’etica della responsabilità, che egli aveva proposto senza entrare nei particolari. Invece John Rawls è arrivato a proporre un compromesso tra le ideologie, dopo essere partito dal confronto delle ideologie con le loro condizioni di possibilità economiche. L’economia rappresenta il punto in cui la natura si incontra con la cultura e ne fa sentire i limiti. La poca fortuna di cui gode oggi la scienza economica, dopo le promesse del keynesismo, dell’economia del benessere, del neoliberismo e del monetarismo, ha fatto dimenticare che la crisi delle ideologie è stata anche in parte dovuto alla loro incapacità di rispondere ai problemi economici. Le utopie degli economisti non hanno retto alla prova più di quelle degli ideologi, ma della teoria economica è rimasto almeno il lascito negativo, cioè la sua utilità nel mettere in luce il costo delle utopie sociali o politiche, spesso taciuto da chi le proponeva.
È possibile riprendere l’antinaturalismo di Hume e More, cui spesso i filosofi si rifanno, per celebrare l’autonomia del piano normativo, in un senso diverso da quello solito. La considerazione delle condizioni di fatto, quali per esempio le teorie economiche illustrano, non danno indicazioni positive sulle ideologie possibili, ma ne danno di negative, cioè non offrono ciò che la ragione sostanziale pretendeva di dare e tolgono credibilità alle sue finzioni. Per esempio, gli eredi di ideologie, anche di quelle che un tempo avrebbero respinto come un inganno intellettuale il concetto scolastico di bene comune, oggi lo hanno riscoperto; ma, se si richiede all’economia di dare un contenuto a quell’idea, si scopre che il sapere economico, che non voglia essere ideologico o utopistico, ci da dellecertezze asimmetriche, quelle per le quali è possibile indicare di volta in volta gli interessi particolari promossi o sacrificati, ma senza poter individuare un interesse comune. Già la razionalità strumentale, più si fa particolareggiata, più si fa locale, ma le proposte fatte in nome della razionalità sostanziale, proprio perché sono costituite da un fitto intreccio di mezzi e fini, sono ancora più locali, e il farne un prodotto della ragione serve soltanto a nascondere la loro modesta estensione
Chi ha ripreso a coltivare le ideologie, messo di fronte alla “rivolta dei mezzi” contro i fini e alla loro anarchia, ha riscoperto l’idea, sempre cara ai filosofi, che esiste una classificazione di beni e di desideri. L’ideale platonico dello stato commerciale chiuso, sorvegliato da guardiani, insieme intellettuali e soldati, capaci di sopprimere sul nascere i desideri inferiori e di bloccare la circolazione dei beni che li possano soddisfare, ritorna come modo per riproporre la ragione sostanziale. Quando anche i suoi nemici pensavano che la società industriale fosse una società opulenta o potenzialmente opulenta, bisognosa soltanto di una riorganizzazione, nella razionalità sostanziale, come instaurazione di una gerarchia corretta di desideri e di beni, si scorgeva un’operazione di libertà. Oggi, che l’opulenza sembra minacciata, ritorna il sogno platonico della società commerciale chiusa, in cui vanno repressi i bisogni fittizi e vietati i beni che servono a soddisfarli; e ritorna spesso con i tratti del sogno cinese. Un tempo coloro i quali vedevano nella Cina di Mao qualcosa di simile alla società naturale di Rousseau ammiravano la capacità, imprudentemente attribuita ai cinesi, di prevedere i terremoti, di fronte ai quali l’ambiziosa scienza occidentale deve arrendersi. Adesso la Cina efficiente dei capitalisti comunisti è dipinta come quella in cui sviluppo e sensibilità ecologica vanno finalmente insieme. Che i tirannici burocrati cinesi, dopo i soldati filosofi e inquisitori di Platone, siano diventati gli ultimi sacerdoti della razionalità sostanziale?
Carlo Augusto Viano è Professore emerito di Storia della filosofia all’Università di Torino. Fra i suoi contributi più recenti Laici in ginocchio (Laterza, 2006) e Stagioni filosofiche. La filosofia del Novecento fra Torino e l’Italia (il Mulino, 2007).
(17 gennaio 2013)

MICROMEGA: http://ilrasoiodioccam-micromega.blogautore.espresso.repubblica.it/2013/01/16/la-razionalita-sostanziale-e-finita-in-cina/

giovedì 17 gennaio 2013

En la estela de Jacqueline du Pré



Es imposible escuchar el lamento desgarrador del Concierto Elgar en Mi Menor y no imaginar a una joven Jacqueline du Pré abordándolo. La pieza, compuesta al término de la Primera Guerra Mundial por Sir Edward Elgar, alcanzó un renovado esplendor (quizá su máximo apogeo tras su desastroso estreno en 1919) con la soberbia grabación de la británica 45 años después. Casada con Daniel Barenboim, la gran violonchelista sufrió una despiadada esclerosis múltiple que enterró su fulgurante carrera cuando solo tenía 28 años y su vida a los 47. Igual que el primer movimiento del concierto Elgar, su figura evoca con el paso del tiempo el recuerdo de una cruel y dolorosa pérdida. Por motivos fáciles de intuir, Barenboim solo había vuelto a tocar esta obra una vez en 30 años: en 1997 con Yo-Yo Ma.
Pero eso fue hasta que conoció a Alisa Weilerstein (Rochester, Nueva York, 1982), una joven chelista norteamericana que entonces tenía 28 años, y que había crecido pegada al mismo instrumento y memorizando aquella histórica grabación. “La escuchaba dos veces por día desde que tenía 4 años hasta los 11. A esa edad decidí dejar de hacerlo porque me tenía demasiado obsesionada. Es mi chelista favorita y su grabación para mí es la Biblia. Sin embargo, llegué a un punto en que quería formar mi interpretación individual”, explica en un español muy correcto que ha aprendido para poder comunicarse con la familia de su prometido venezolano.
Weilerstein —hoy empieza una pequeña gira por Santiago, A Coruña, Barcelona y Madrid—, ha grabado con Barenboim y la Staatskapelle de Berlínel concierto Elgar y los conciertos para cello de Elliot Carter. Es la primera vez que Decca ficha a un intérprete de violonchelo en 30 años y, por supuesto, también que el director argentino-israelí vuelve sobre los pasos del concierto, que su primera esposa convirtió en leyenda, a través de una nueva grabación. “Nos conocimos por primera vez en 2008 y toqué el concierto de Dvorák para él, solo para aprender un poco más. La persona que me lo presentó (un director israelí) me dijo que debía mostrarle también el concierto Elgar. Me negué. Cualquier otra obra sí, pero ¡nunca Elgar! Para mí Jacqueline du Pré es una diosa. Pero esta persona me insistió. Me dijo que nadie conoce la pieza como Barenboim. Lo pensé mucho y finalmente acepté”.
Tocaron la obra. El maestro al piano. Terminaron, hablaron y el director le pidió que volvieran a repetirlo. Esta vez, con la Filarmónica de Berlín en el Concierto Europa. “Me quedé completamente en shock”. Un año más tarde, firmaron el acuerdo con Decca para la grabación de la pieza. Una rúbrica profundamente simbólica también por ese carácter de aprobación del maestro a la heredera que incluía el momento.
Así, abordaron con más detenimiento una obra plagada de emociones biográficas muy delicadas. ¿Complicado? Y ahí Weilerstein se traba, suspira e intenta evitar el tema. “Es una, … no, si… es difícil hablar de esto. Es algo muy intenso”. La conversación en torno al concierto Elgarse mantuvo siempre en el plano estrictamente musical. Barenboim, como ya había hecho en su grabación con Du Pré, encauzó la interpretación hacia un sonido más germánico que el de la histórica de John Barbirolli con su difunta esposa para EMI en 1965.
“Tiene muchísimas ideas musicales sobre esta pieza. Hay muchas cosas que no había visto antes en este concierto: frases, dinámicas, detalles de estructura. Barenboim es muy interesante y genial porque no pretende cambiar la naturaleza de un intérprete. Hace sentirte completamente libre, aunque sepas que tiene un millón de detalles que corregirte al final. Después de estas sesiones soy una mejor versión de mí misma, pero sigo siendo yo”.
Pero Weilerstein no es solo eso. Ni tampoco lo sería únicamente porque lo dijese Barenboim. También se pronunció sobre su exuberancia musical el compositor Elliot Carter, fallecido a los 103 años hace algo más de dos meses y a quien visitó el pasado julio. Quería mostrarle su visión de sus conciertos para chelo (compuestos para Yo-Yo Ma hacía 10 años), también incluidos en la grabación y que funcionan como el lado sarcástico, incluso humorístico, de la trágica primera parte.
Quizá fue esa la última entrevista que mantuvo Carter antes de morir, porque la hilarante escena quedó grabada y puede verse en la web de la artista. “Mi momento favorito del encuentro es cuando le dije que iba a tocar para él. Me contestó que encantado, pero que no iba a decirme nada porque no podía oír bien. Siete segundos más tarde ya me había hecho parar para corregirme”, recuerda con una carcajada.
Pese a las posibilidades expresivas de la obra de Carter, el compositor era bastante inflexible con su interpretación. “Es una obra difícil de entender. Carter sabe exactamente lo que quiere. Hay menos margen. Otros, como Osvaldo Golijov \[a quien Weilerstein adora después de haber trabajado varias veces con él\] te dan más libertad. Pero él es muy exacto”. Esa relación directa con el compositor puede evitar una sobreinterpretación de su obra, como ocurre a menudo con los intérpretes de repertorio que se colocan por encima del autor de la partitura.
Pero la juventud, opina la chelista, no es un obstáculo para entender determinadas emociones que subyacen en algunas obras de madurez. Weilerstein desmitifica oportunamente las versiones sagradas de una obra y, de alguna forma, huye de inevitables comparaciones. “La música está viva, no hay interpretaciones definitivas. No creo en eso para nada. Aunque espero seguir aprendiendo toda mi vida”.

EL PAIS DANIEL VERDÚ Madrid 16 ENE 2013 - 21:33 CET: http://cultura.elpais.com/cultura/2013/01/16/actualidad/1358368434_584440.html

“Lincoln’ es mi película más europea”


Desde niño, Steven Spielberg ha vivido con una obsesión, y ha estado décadas dando vueltas en círculo alrededor de ella: Abraham Lincoln. Poco a poco se fue acercando: El color púrpura, Amistad (“La esclavitud también me parece un asunto fundamental”)… Indirectamente la famosa carta del 16º presidente titulada Bixby letter inspiró Salvar al soldado Ryan —más aún, Lincoln empieza con una secuencia bélica muy parecida al inicio del drama bélico sobre la II Guerra Mundial—, y al inicio de Minority report un escolar recitaba parte de su discurso en Gettysburg (“Lo colé porque ya estaba emocionado con este guion”). En los últimos diez años ha habido guion, reescritura, nuevo guion, un actor protagonista, otro actor que suple al primero, vuelta del primero al personaje del mítico mandatario… Así que Lincoln, que se estrena mañana viernes en España, parece un punto y aparte, el resoplido de talento y felicidad de un director que ha puesto toda la carne en el asador para que la película encuentre su público.
Por eso Spielberg (Cincinnati, Ohio, 1946) está en España concediendo entrevistas, y por eso convenció al expresidente Bill Clinton para que el pasado domingo presentara en el hotel Beverly Hilton el vídeo de su filme en los Globos de Oro, de donde el cineasta se fue sin premio. Eso sí, cara larga tuvo un rato tras oír el nombre de Ben Affleck como mejor director con Argo. “No fue tan doloroso. He ido muchas veces, he sido candidato y he ganado. Hay años mejores y años con menos suerte. Para mí, el privilegio es haberla dirigido. No hago películas por los premios, y reconozco que en este caso lo que más me ilusiona es que tantas asociaciones distintas de críticos la hayan elegido como la mejor de 2012 y tantos espectadores se hayan sentido emocionados con la interpretación de Daniel Day-Lewis. Es un buen remate a un viaje de 12 años”. Sin Day-Lewis, Spielberg dice sentirse desprotegido. Literalmente. Al empezar esta entrevista, y con el actor inglés aún en la habitación, el cineasta pide que no se vaya, que hagan la entrevista juntos. Cuando sale, Spielberg explica que le añora, abre otra botella de agua Fiji y añade una curiosa petición: “Tengo gripe. ¿Te importa si en vez de darnos la mano chocamos los codos?”. Hasta el más grande de los cineastas tiene enfermedades mortales. Y sí, Lincoln le ha obsesionado, pero como todos sus trabajos. “A mí me obsesiona cada película, y por eso cavo en busca de la verdad en todas mis historias. Por suerte, no trabajo para ganarme la vida, no lo necesito, y solo escojo historias que me inspiran y que quiero compartir. Pero Lincoln… el presidente Lincoln me obsesiona desde que tenía seis años”.
Siendo uno de los directores más americanos de la industria, Lincolnpodría considerarse su película europea: “Cierto. Es el largometraje más alejado de mi carrera. El distinto. Mi película europea. Porque por primera vez mi prioridad no fue la cámara, sino las interpretaciones. Al inicio de cada jornada primero me preocupaba el guion, luego las actuaciones y finalmente dónde poner la cámara”. Por eso hablaba con los actores con el nombre de su personaje, y por eso se dirigía a Day-Lewis como “señor presidente”. “Era fundamental crear el ambiente. Que no habláramos de niños, béisbol o si de ayer viste Mad men en la tele. Por primera vez he priorizado las palabras y el tema sobre la cinematografía”. Como si fuera teatro. “Sí, porque eso fue lo que estudié, dirección teatral. Pero no creo que dirija nunca algo en los escenarios. En mi caso el medio cinematográfico es el natural”.
El guion de este drama —candidato a 12 oscars— ha tenido ocupado a Tony Kushner durante seis años, aunque desde 1999 Spielberg ha estado rodando proyectos sobre Abraham Lincoln. “Kushner ha escrito, rescrito, masajeado el libreto e investigado durante todos estos años. Debe de ser el hombre que más ha leído sobre este periodo”. Si en los inicios el filme contaba la Guerra Civil, y el siguiente libreto describía los últimos cuatro meses de vida del presidente, el guion final se centra en los dos primeros meses de 1865 (Lincoln fue asesinado en abril), cuando, cercano ya el final del conflicto bélico, el jefe del Ejecutivo decide pisar todos los callos posibles e incluir en la Constitución la 13ª enmienda, la que prohíbe la esclavitud. Y por ello planea sobre Estados Unidos incluso la posibilidad de que se alargue el conflicto. “Pocas películas han encontrado el drama en la democracia. Muy pocas. Y más allá de que en esta demos espacio al problema familiar, al sufrimiento de su esposa, de lo que hablo es de los entresijos del proceso democrático, y cómo en aquellos tiempos ya había lobbys, presiones y corruptelas. Estamos muy felizmente sorprendidos con cómo el público se ha volcado en ella [lleva solo en EE UU 120 millones de euros en taquilla] y en que haya apreciado que es una película de detalles, no de brochazos narrativos, de detalles cinematográficos que traspasan los detalles con que funciona el mecanismo del sistema democrático. Nuestro país, hoy, tiene mucho que agradecer a la tenacidad de Lincoln y a su amor por la justicia”. Pero lo hizo con triquiñuelas. “Sí, pero esas triquiñuelas son parte del sistema democrático [ríe]. Las intrigas forman parte del juego, Lincoln no hizo nada ilegal, y ahora han sido asimiladas por el sistema. En la democracia estadounidense hay mucho movimiento y trato a espaldas del público, de negociaciones entre bambalinas. Y la política estadounidense de finales del siglo XIX prologa la política estadounidense del siglo XX”.
La intriga. El camino hacia la resolución. Spielberg incide en que efectivamente, todos sabemos cómo acabó la historia, y aun así nos emocionamos con el devenir de lo que no deja de ser un trozo de papel. El cineasta se mueve en su silla. Es su momento y se crece orgulloso. “Me he fijado mucho en el trabajo de Alfred Hitchcock. Porque él sabía crear un gran suspense aunque el público ya sabía que sus thrillers iban a acabar bien. Hitchcock escribió un montón de reglas y a menudo las rompió. Él fue mi guía. Sabía cómo acabaría la historia, pero tenía que crear la intriga, y esa es la magia del suspense: que los espectadores esperen lo increíble para vivir algo diferente... una y otra vez”.
El cineasta se siente feliz en su papel de profesor de historia y de teórico del cine. Sin embargo, en cuanto la conversación deriva hacia la actualidad, el ganador de tres oscars (dos como director de Salvar al soldado Ryan y de La lista de Schindler, y otro más como productor deLa lista de Schindler como mejor película) se revuelve inquieto. “Son obvios los paralelismos con la administración Obama, en lucha contra el Senado. Pero es que esos enfrentamientos han sido habituales con cada presidente. Porque no solo existe la división entre partidos, sino entre facciones en los partidos, como el Tea party. Hay que negociar, y lo grande de la democracia es que puedes disentir, pero que luego, llegado el acuerdo, te comprometes con él”. No quiere entrar en la lucha de Obama por reducir la venta de armas —“Son cosas muy alejadas de mi película, prefiero centrarme en ella”—, ni tampoco hablar de los años en que Liam Neeson fue su opción para protagonizarla: en un minuto de respuesta menciona nueve veces a Daniel, ni una a Neeson. ¿Y qué opina de ver en un filme a Lincoln cazando vampiros? “No la vi a propósito para evitar comentarla”.
La esposa de Lincoln se queja de lo complejo que es estar casada y a la altura de un mito. ¿Dice lo mismo en casa Kate Capshaw, la mujer de Spielberg? “No, yo... [para y ríe]. Bueno, no tengo que tomar decisiones a vida o muerte, mi vida personal no ha sido tan desgraciada ni he encarado retos tan duros”.
Lucas ha dado un paso, llamémoslo lateral, en la industria, con la venta de LucasFilm. ¿Es una retirada, usted haría algo igual? “No es una retirada, sino que se ha movido a un sitio mejor. George ha recogido lo sembrado en forma de dinero, y con él empieza una segunda carrera como inversor en cine experimental y en educación. Por mi parte, no me voy a retirar nunca. Estoy reescribiendo Robopocalypse porque tengo una idea mejor para la trama. Rodaré a finales de este año o principios de 2014 con suerte”. Hasta los mitos acaban necesitando ayudasuperior.
EL PAIS  Madrid 17 ENE 2013 - 00:40 CET: http://cultura.elpais.com/cultura/2013/01/16/actualidad/1358361901_784472.html

La lógica de un solo mundo


La deriva general necesita pensadores globales asiáticos como Kishore Mahbubani, que propone reforzar y reformar las instituciones internacionales, lo que requiere el compromiso de China y Estados Unidos


La ascensión de Asia es el acontecimiento histórico más importante de nuestra era. Sin embargo, pocas voces de la región han dicho algo sobre el papel que va a tener Asia, y en especial China, en la construcción de la Globalización 2.0, la interdependencia poshegemónica de múltiples identidades que caracteriza hoy a nuestro mundo.
En su nuevo libro, The Great Convergence: Asia, the West and the Logic of One World, Kishore Mahbubani, decano de la Escuela de Políticas Públicas Lee Kuan Yew en Singapur, acepta por fin este reto. En cierto modo, no es extraño que sea un exembajador de uno de los países más pequeños de Asia en la ONU quien tenga la mayor visión de futuro. Singapur ha prosperado gracias a su astucia para sortear los rápidos cambiantes de la globalización.
La obra de Mahbubani es hasta ahora la propuesta más amplia y objetiva sobre cómo actualizar las instituciones mundiales —Naciones Unidas, las instituciones de Bretton Woods, la OMC— adaptándolas a la ascensión del resto. De hecho, demuestra más fe en dichas instituciones que sus fundadores occidentales, que, como señala mordazmente, están empezando a verlas como un inconveniente ahora que el poder está alejándose de ellos.
Lo que defiende Mahbubani no es crear nuevas instituciones que consagren el traslado mundial de poder, sino remediar el “déficit democrático” llenando la vieja botella del sistema basado en unas reglas de Occidente con el nuevo vino del resto del mundo en ascenso. En su opinión, la mayor paradoja del momento histórico actual es que las “normas comunes” que han dado su éxito a Asia y son la base de “la lógica de un solo mundo” están tomadas de Occidente. En ese sentido, el tradicional apóstol de la modernidad no occidental llega a unas conclusiones equivalentes a las del historiador Niall Ferguson, defensor de las virtudes del imperialismo occidental. Las “normas comunes” de Mahbubani coinciden bastante con las famosas “aplicaciones demoledoras” que, según Ferguson, hoy adoptan con más entusiasmo en Oriente que en Occidente. Los dos están muy lejos de las tesis de Samuel Huntington sobre el “choque de civilizaciones”.
Las “normas comunes” de Mahbubani son: ciencia moderna y razonamiento lógico, economía de libre mercado, un contrato social que vincula con responsabilidad a gobernante y gobernado y multilateralismo. Las seis aplicaciones de Ferguson son: competencia, ciencia, derechos de propiedad, medicina moderna, sociedad de consumo y ética de trabajo.

La democratización de las instituciones se topará
con las opiniones
públicas de Occidente
Ambos evitan incluir el complicado término de “democracia” entre las normas y las aplicaciones. Para Ferguson, “competencia” parece abarcar no solo la rivalidad entre partidos sino también la meritocracia dentro de cada partido, como en China. Según Mahbubani, Occidente dio el primer salto adelante al destruir el feudalismo, pero la democracia no es aún algo universal. Aun así, en China ve que el partido tiene una especie de responsabilidad estructural ante las masas, porque tiene que “ganarse su legitimidad a diario”.
Ese intersticio que separa los valores de las normas y las aplicaciones es lo que importa. El reto es cómo crear unas instituciones de gobierno eficientes basadas en intereses comunes, pero no precedidas de una identidad común basada en un sistema común de valores.
Mahbubani cree que emplear la “lógica única” de las normas comunes como sistema operativo basta para sostener un sistema basado en unas reglas. Eso contrasta con la terca concepción geopolítica de Occidente, para la que los territorios y las ideologías se ganan o se pierden.
Mahbubani no es ingenuo. Enumera los obstáculos geopolíticos que pueden poner trabas a su optimismo (por ejemplo, China frente a India, las vías marítimas entre Japón y China, una detonación nuclear iraní, etcétera). Al mismo tiempo, su confianza en que Occidente siga siendo leal al sistema basado en reglas surgido en él me parece anclada en el pasado.
En mi opinión, el mayor obstáculo es que la democratización de las instituciones mundiales que él propone se topará con las opiniones públicas democráticas de Occidente. Es democratización contra democracia.
En primer lugar, esos ciudadanos miran cada vez más hacia adentro e intentan protegerse de los vientos de la competencia desatados por el sistema posterior a la II Guerra Mundial. Lo vemos no solo en las críticas a China en Estados Unidos, sino también en lo que les cuesta a los democráticos Estados europeos hacer las duras reformas necesarias para mantener la competitividad que les permita financiar su generoso Estado de bienestar.

EE UU ni siquiera pudo
controlar a las
firmas financieras
que instigaron
esta crisis mundial
La canciller Angela Merkel lo ha dicho muy claro: Europa tiene el 7% de la población mundial, genera el 24% de la producción y tiene el 50% del gasto social. Será difícil mantenerlo a medida que disminuya su proporción de la producción mundial. Y el continente está hoy paralizado por esta perspectiva.
Segundo, y más importante, la ONU y el sistema de Bretton Woods se establecieron tras la guerra, cuando los ciudadanos estadounidenses aún confiaban en sus dirigentes lo bastante como para delegar el poder en unas instituciones que iban a beneficiar a todos. Esa fe en “los mejores y más brillantes” se hizo añicos en la guerra de Vietnam y acabó pisoteada en los contraculturales años sesenta, deslegitimada durante la guerra de Reagan y la Nueva Derecha contra la intervención del Gobierno y enterrada con la revolución de la información, que prescinde de los intermediarios.
Si este excelente libro tiene un defecto es que Mahbubani traspasa la confianza del Este de Asia en los dirigentes a Occidente, donde su legitimidad está muerta.
Por último, como el propio Mahbubani reconoce, el periodo de Pax Americana también benefició los intereses de Estados Unidos. Ahora, como ha dicho el exministro alemán de Exteriores Joschka Fischer hablando de Europa, “se pensó que las reglas formalizadas bastarían” para contener los desequilibrios en la eurozona sin una plena unión fiscal y política. “Pero esa base de reglas resultó ser una ilusión: los principios siempre necesitan el respaldo del poder, si no se desmoronan ante la realidad”.
Aunque el viejo sistema basado en reglas e inventado por Occidente debe continuar, no puede hacerlo sin el compromiso total de China y EE UU. Ninguna reorganización de la ONU, el FMI o la OMC servirá de nada si esas dos potencias no se implican. Dada la debilidad de las clases dirigentes en Estados Unidos, eso quiere decir que China —mientras el Partido Comunista siga impregnado de legitimidad y la adhesión de su opinión pública— tendrá que encabezar cualquier intento de impulsar el sistema mundial de forma que garantice el bien público para todos. Es evidente que los dirigentes chinos tienen que dar un paso adelante. Estados Unidos, que ni siquiera logra decidir cuánta intervención nacional del Gobierno quiere ni cuánto está dispuesto a pagar por ella, no puede asumir el liderazgo en la construcción de un orden mundial nuevo que incluya los intereses de los nuevos actores. La democracia estadounidense ni siquiera ha podido controlar a las grandes firmas financieras que instigaron la crisis mundial de 2008-2009. Hoy son más grandes que nunca.
El peligro es que este momento podría ser una repetición de 1914, cuando un sistema de alianzas precarias, con rivalidades entre unas potencias en ascenso y otras en decadencia, se encontró en plena guerra mundial por un incidente menor. La esperanza, que Mahbubani describe con detalle y con optimismo, es que el futuro inmediato pueda ser como en los años cincuenta, cuando se crearon unas instituciones duraderas que mantuvieron la paz y fomentaron la prosperidad para bien de todos.
Un mundo a la deriva necesita desesperadamente a pensadores globales, sobre todo de Asia. Kishore Mahbubani puede serlo con este libro fundamental en este momento crítico. Las instituciones sólidas que él demanda son la única barrera para que no volvamos a 1914. Ojalá su optimismo esté justificado.
Nathan Gardels es director de NPQ y la Global Viewpoint Network de Tribune Media Services. Es coautor con Nicolas Berggruen de Intelligent Governance for the 21st Century: A Middle Way Between West and East.
© 2013 Global Viewpoint Network/Tribune Media Services.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
EL PAIS:  17 ENE 2013 - 00:05 CET http://elpais.com/elpais/2013/01/07/opinion/1357568998_602570.html

Malí, problema europeo La UE no puede retrasar más su ayuda real en un conflicto en el que tanto se juega


Europa no debe permitir el surgimiento de un Estado yihadista prácticamente a sus puertas, en Malí. Tampoco los vecinos de la zona, empezando por Argelia, que es reticente a actuar abiertamente pero que tiene mucho que perder: en su territorio, la rama magrebí de Al Qaeda atacó ayer unas instalaciones y secuestró a un número indeterminado de extranjeros, tras asesinar a un británico y a un francés. Francia ha actuado con rapidez ante la perspectiva inmediata de que los grupos radicales islamistas que se habían hecho con el norte de Malí ocuparan la capital, Bamako, y el conjunto del país. Su intervención viene legitimada por haber sido solicitada por el Gobierno de Malí —aunque el de Dioncunda Traoré sea un régimen posgolpista—y apoyada posteriormente por el Consejo de Seguridad de la ONU.
El éxito no está ni mucho menos garantizado cuando hablamos de extensiones que duplican la de España. Es, además, la séptima intervención occidental en cuatro años en sociedades musulmanas, y ninguna de ellas ha sido plenamente completada. Incluso la de Libia fue una operación inacabada, pues los mercenarios yihadistas y tuaregs que apoyaron a Gadafi pudieron posteriormente regresar a Malí y desestabilizarlo. Sería deseable que esta vez Francia y la comunidad internacional hicieran un trabajo cabal.
La confusión conceptual no ayuda cuando se vuelve a hablar de “guerra contra el terror”. Antes que yihadista, la del norte de Malí fue una rebelión de los nacionalistas tuaregs, luego superados por los militantes que bajaron de Libia con la marca de Al Qaeda y del radicalismo islamista.
De momento, Francia actúa sola. Es verdad que, como potencia excolonial, ha salido a defender intereses propios en un país en el que residen 6.000 de sus conciudadanos. Pero también lo hace en interés de toda Europa, aunque los europeos arrastran los pies de forma vergonzante. Hace un año que el Gobierno de Malí les pidió que intervinieran y llevan meses preparando una misión para encuadrar a una fuerza de la Comunidad de Estados de África Occidental. Este plan solo ahora se va a acelerar, pues es necesario africanizar la solución. Pero ni las capitales europeas ni la alta representante, Catherine Ashton, han estado a la altura de las circunstancias, en una situación en que EE UU ayudará solo con sus medios de inteligencia y, si acaso, logísticos; y la OTAN está a la espera. Los titulares europeos de Exteriores que hoy se reúnen con carácter de urgencia en Bruselas deben rectificar esta actitud.
El presidente francés, François Hollande, ha ganado estatura política dentro y fuera de su país con su decisiva reacción, aunque el objetivo no puede ser solo “destruir a los terroristas” como ha afirmado pretender. No es solo Malí, es todo el Sahel el que se ha convertido en un polvorín islamista que hay que desactivar. Y para lograrlo no bastarán las armas.

 17 ENE 2013 - 00:00 CET: http://elpais.com/elpais/2013/01/16/opinion/1358366692_753989.html

martedì 12 giugno 2012

Interview with Vincenzo Damiano, Bar Caffeteria Damiano, Via del Parione, 46r



1. Vincenzo, tell us a little bit about yourself ...

My name is Vincenzo Damiano. I'm 47 years old. My starsign is Sagittarius, I'm a bartender, I do it (my work) with love and hope that everyone who comes here feels at home ... and then if you want to know ... I'm married with two beautiful kids ... Andrea and Maria Claudia.

2. Tell us about your Bar Caffetteria Damiano

This bar was created in 2003. It had already been working so much with the students because in front of the bar was a faculty called Faculty of Education that worked with bargirls aged 17 to 18 years.

3. What did you do (and where) before opening the Bar Caffetteria Damiano?

Before starting the bar I went to school. I studied surveying. I came to Florence and I loved the city. And that's when I started working as a bartender. Since then I can not do without this work; it’s like a drug for me. I can not live without this work.

4. What prompted you to start your own business?

The fact is that I love being with people. I love people; the beautiful ones, ugly ones, fat ones, sad ones, and I try in my small way of being able to put everyone at ease in front of me. After almost 25 years in this field of work, one also becomes a bit of a psychologist.

5. Describe a typical day for you

My typical day ... I get up at 7:30am, I come here to the bar ... it's like playing the fool, I get busy, the game, I am the people, laugh, joke ... and then work at the same time. I especially like when I see people who are a bit sad - I try to cheer them up a bit.

6. What is the best thing about working for yourself?

The fact that no one can say anything ... I do not take orders from anyone, but only for myself. This can be a risk though. In practice if you work for someone else and you lose a customer, you won’t lose your job. Whereas when you work for yourself and lose customers, your business may gradually fail.

7. How has business changed since you started?

This is a good question, this activity is now suffering because of the dramatic falls in circulation in this activity as you feel the crisis in all sectors and throughout the world ... but after 25 years of this work I can still enjoy myself because I sincerely make sure I'm really enjoying this job.

8. What is your favourite thing about Florence?

I like the globalism and tourism in Florence; you can talk with somebody from Russia one day, somebody from China another day, somebody from India, America or England another day. Florence is multiethnic: you can meet people from all over the world here.

9. What is your least favourite thing about Florence?

Hypocrisy. In general I do not like hypocrisy, not only in Florence but throughout the world.

10. What advice would you give to young people (who are hoping to start their own business)?

To believe with all their strength so it will have a high power. I wanted to have my own business and with many sacrifices I made it. I think that nothing is impossible; you can live your dreams if you work hard, though you may have to sacrifice a lot.

11. If someone is visiting Florence for a day, what would you recommend they do / see?

One day in Florence is not enough; Florence is such a unique city. But at least visit the Uffizi.

Athens and Florence: the Foundational Relation of Western Culture

Piazza della Signoria shines in the sun of June. The severe solidity of Palazzo Vecchio, the graceful and spacious arches of the Loggia de' Lanzi, the crowd of classical and Renaissance statues staring at the passersby with their eloquently silent gaze- all this conjures up a sense of harmony, lightness and luminosity as one could find only on the Acropolis, when the summer sun and its reflections on the Aegean immerse the Parthenon and the temple of Poseidon in a bath of light. Florence as the new Athens: the proofs of this equation are under the very eyes of the one who looks at the city on the Arno through that idea of beauty first incarnated on Greek soil. One would have no difficulty thinking that Plato would have found himself at ease under the porch of the Uffizi or strolling along the benches of the Arno: he would have admired here that same sense of equilibrium and profoundly discrete beauty that nourished his soul in his native Attica, where he spent his days walking out and about with Socrates through the Stoá Poekíle and the Agorá. We know for sure that his alleged reincarnation -if we want to agree with Cardinal Bessarion- enjoyed Florence very much. Georgios Gemistós, called the Plethon, lived here for four years during the period of the Council of Ferrara and Florenze (1437-39), teaching at the Studium on the differences between Aristotle and Plato and reintroducing to the West the texts of the latter. He was among those Greek scholars and prelates who came as the delegation from the fading Byzantine Empire to discuss the re-unification of the Eastern and Western churches. When he arrived, the power of the Medici had just begun and Florence was not yet very far from the violence and austerity of its Middle Ages. The city was not yet adorned with statues purposefully remindful of Classical Antiquity and the dome of Brunelleschi had still to gentrify the fierce skyline formed by the multitude of spear-like towers. Born in Greece and raised on the texts of divine Plato, Plethon is among those, who bringing Platonism back to the West contributed immensely to giving Umanesimo its form. Benozzo Gozzoli represented him in the center of his fresco in the Cappella de' Magi: the philosopher stands side by side to the artist, as if the latter wanted to underline a spiritual offspring from the former. Plethon stands out from the middle of the crowd for his intense look and his penetrating eyes that provoke the observer. He was indeed a father-like figure to many geniuses who populated that period: Ficino, Pico della Mirandola, Poliziano, Lorenzo il Magnifico, Botticelli, Piero della Francesca, Michelangelo all fed and debated (sometimes harshly) on the rediscovered words of Plato and Plotinus, Proclus and Damascius opened up to them by Plethon: from this fermentation the idea of homo copula mundi finally came out as an unshakable cornerstone, on which Europe and the Western world founded its astonishing development. Maybe there is no more powerful symbol of this new spirit and its view on man and the world than Michelangelo's David: a miracle of beauty, balance and nobility incarnated in the decisive and strong gaze of a young boy, who stands in front of Palazzo Vecchio as an image of the daring attitude of this new Athens that is Florence. Constantinople was then agonizing, the whole of Greece was already under foreign yoke: yet, in its ultimate struggle the Greek world gave us its most delicate and fruitful flower. Without Greece there would have been no Renaissance, no Michelangelo, no Ficino, no Botticelli. Maybe, it is worth keeping this in mind, in this period in which Greece seems again caught in an agonizing struggle.